Altea, España. Fotografía por Rubén Cano

Benidorm

En ocasiones, uno no valora aquello que dispone. Hizo falta que Maca (o como diría mi madre: “la hermana que me faltó”) viniera a verme para recordar cuán bella es la tierra que me vio crecer.

Esa tierra no es otra que Benidorm, en la provincia de Alicante, en la región de Valencia. En uno de esos parajes que huelen a mar. La ciudad queda flanqueada por el océano a un lado y por montañas al otro, lo que trae como consecuencia temperaturas magníficas, incluso en los más fríos días de invierno. Con edificios que desafían a la gravedad, “BeniYork” (como la conocen algunos) es la ciudad con más rascacielos por habitante del mundo.

Además de oler a mar, a la vegetación y fauna que enriquece las montañas que envuelven este pintoresco lugar, Benidorm también huele a paella recién hecha y siempre invita a una cerveza con los amigos en uno de sus más que abundantes “chiringuitos”. Esto es así, porque Benidorm es uno de los lugares turísticos por antonomasia de la península ibérica. Puede ofrecer desde los planes más movidos hasta la calma que requiere el descanso más profundo.

La cualidad turística ha hecho que Benidorm perdiera, en cierta medida, el aire marítimo y mediterráneo que algún día fue su seña de identidad. Aunque por sus calles siguen soplando el “lleveig” o el “mestral”, tal y como conocen los marineros valencianos algunos de los vientos que mueven este enclave. No ha ocurrido lo mismo en lugares como Altea, que conserva un centro histórico que pudiéramos confundir con lo que en otro tiempo fue un pequeño pueblo de pescadores.

Benidorm, España. Del tingo al tango por Odd Catrina

Fotografía bajo licencia de Creative Commons de Diego Delso

Altea

Esta ciudad, con sus calles de piedra, sus casas blancas y su iglesia vecina al mar, simplemente enamora. Lo hace también con sus heladerías, sus puestos de artesanos y sus restaurantes de ensueño para hacer las delicias de los más apasionados. Cuando caminas por sus cuestas interminables, puedes apreciar como prácticamente nada ha cambiado, e imaginar el trabajo que los pescadores de antaño realizaban para llegar hasta sus hogares tras duras jornadas en el mar.

Por último, la paella. Esa extraordinaria mezcla de ingredientes y sabores que, aunque muchos pudieran creer como típica a nivel nacional (España, quiero decir), tiene como cuna las orillas del mediterráneo en su concepción más valenciana. Al contrario de lo que pueda parecer, existen multitud de variedades de esta exquisita composición culinaria que seguro serían capaces de ajustarse a los paladares más exigentes.

En síntesis, y tras la visita de Maca Arena, esta tierra supura amistad, frescor, sol, diversión y tranquilidad. Amistad por visitas que querría eternas; frescor por la brisa del mar que baña nuestras costas; sol, por ser nuestra seña de identidad; diversión, por las noches inacabables de música y jolgorio; y tranquilidad, por aquellos lugares donde puedes descansar sin que se perciba el paso del tiempo.

Altea, España. Del tingo al tango por Odd Catrina

Fotografía bajo licencia de Creative Commons por Josemanuel

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