Foto: Jason Briscoe via unsplash.com

Looking up at the stars, I know quite well That, for all they care, I can go to hell, But on earth indifference is the least We have to dread from man or beast.

How should we like it were stars to burn With a passion for us, we could not return? If equal affection cannot be, Let the more loving one be me.

Admirer as I think I am Of stars that do not give a damn, I cannot, now I see them, say I missed one terribly all day.

Were all stars to disappear or die, I should learn to look at an empty sky And feel its total dark sublime, Though this might take me a little time.

W.H. Auden.

Me entrego completa y totalmente en ti. Después de ti no hay atrás, no hay delante, sólo hay abismos penetrantes. Hoy entiendo, sí. Mi espera ya no existe, solo puede repetirse en los espacios diferentes e infinitos de nuestras propias experiencias. Recordemos el futuro juntos, tal como alguna vez lo pudimos hacer con el pasado. Recuerdo la siguiente mirada que me darás y, siendo el vacío mi único respiro, me alojaré ahí. Construiré mi casa como un navegante perdido y todos los días me recordaré por qué éste es mi destino. ¿Decidí amarte? Sin duda. Los sentimientos crecen. Sin embargo, cuando uno solamente procura darle agua a la flor del invernadero la vuelve totalmente ajena a su verdadera naturaleza, remplaza la lluvia de las nubes con la lluvia de sus incertidumbres.

Y ahora, me odio. Te amo y me odio. Me odio por quererte más de lo debido pero esto así fue decidido, no fue azar de los destinos. ¿Dónde fue que nos perdimos? ¿Por qué nos deshicimos?

No, nunca nos deshicimos, eso es solamente mi delirio. Entonces, let the more loving one be me, pues no conozco nada que no fuera así. El amor nunca es entre iguales y nuestro creador nos lo comprueba. Si no fuera así, todos seríamos como él: negadores de vida y creadores de la muerte.

Si él es el absoluto y se pone en otro plano de lo que es nuestra vida, no cabe espacio para negar que somos la vía negativa de su existencia. La muerte, la inexistencia es donde está su cabida. Y nosotros… nosotros somos su caída. Si el absoluto nos quiere cerca de él, nos quiere indefinidamente muertos. Pero ahí no habrá consciencia, solo extrañeza. En su increíble omnipotencia no quiere ser el que quiere más, no. Nos pone aquí para tener que sufrir en la eterna condición de ser el que ama más de una relación no recíproca. ¿Qué clase de macabro juego se propone? ¿Por qué odiar al que te corresponde?

Tu eres así, un alejamiento o un desglose de mi propio sentir. Un reparo sobre lo dicho pero ya no hay mucho más que decir. Tu mirada lo dice todo y nunca me podrás querer por mí. Por eso digo “me entrego completa y totalmente en ti” pues ahora busco la muerte para dejar de ser la negativa vida que me aleja de la posición de una existencia verdadera. Te amo y por eso destruyo nuestro mundo. Nuestro mundo que solamente yo puedo vivir, me entrego así con la vana esperanza de una creencia que no tengo.

El problema es que soy cobarde; vida en sufrimiento; muerte en desconcierto. Me perpetúo en el sufrimiento, tal como él lo quiso. Su plan me aplasta una y otra vez hasta que me deje acercarme a él, a su sublime oscuridad. Porque si la vida es luz y la muerte oscuridad, entonces su existencia será una resonante opacidad. El romántico admirador no se puede cansar: es su esencia idealizar, adorar. Eso vaya que es verdad, pues no me canso. Mi desesperación no es cansancio, no es fatiga de la realidad, es entender la grandeza de la oscuridad. De igual manera, mi amor por ti jamás se detendrá, en cualquier caso solamente te excederá. Y cuando tú me quieras alcanzar, la mitad de tu recorrido se acortará, y te darás cuenta rápidamente que yo soy esa mitad, partida a la mitad. Entonces… desistirás. Tal como mañana, pudimos repasar. Aquí no hay nada que perdonar, pues tu culpa y la mía nunca efectivamente serán.  Mi condición no me permite ofrecer algo que sobrepase mi todo, te lo digo de una vez: yo o, tal vez, nosotros, nacimos para amar.

Me odiarás por amarte, te cansarás y me empujarás al vacío. Y aún más, mi respuesta se medirá con más amor. Más sofocante y desgraciante amor. Pero así lo quiso el creador, su plan es claro y no habrá manera de escapar. Lo peor de todo es que mi desgracia no te salvará, aquí no hay un mesías que por amor te ha de levantar. Tendrás que amar y ahí quien lo hará demás serás tú. No hacia mí pero hacia los demás, esperando que las estrellas se volteen en un admirar detrás.

Nos queda en éste sentido desesperar la vida y llegar a la existencia real de su negativa. Amándonos dejaremos que la oscuridad llegue por fin a nuestras mitades divididas.

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