Ilustraciones Fryda Magaña Flores. Instagram @frytangas

Una mujer con un don tan único que dicta tendencia con tan solo una mirada. Su ojo crítico tiene el poder de ver talento dónde nadie mas lo hace, transforma diseñadores emergentes en los mejores del campo. Ella es Anna Wintour editora en jefe de Vogue Norteamérica.

Anna no era ajena al mundo editorial, su padre Charles era editor de London Evening Standard y su madre Eleanor una mujer dedicada al trabajo filantrópico. Su infancia estuvo llena de opulencia y aprendizaje, aunque desistió de la escuela a los 16 años.

Su carrera profesional comenzó a los escasos 21 años para la revista Harpers & Queen en Londres. Seis años después se mudó a Nueva York para convertirse en editora de Harper’s Bazaar, siempre expresó su sueño de trabajar para Vogue. Después de Harper’s trabajo para Viva y Savvy y en 1981 fue contratada por la revista New York en la que permaneció cinco años. En 1984 contrajo nupcias con David Shaffer y tras dos años de matrimonio se mudaron a Londres, donde inició en un nuevo trabajo como editora en jefe para el  grupo Condé Nast.

En 1987 se encontró en una situación bastante diferente a la que estaba acostumbrada ya que ahora laboraba para la revista Casa y Jardín y a la cual dio un giro de 180 grados, comenzando por cambiar su nombre a HG. Su llegada a Vogue fue hasta el año de 1988 y en noviembre salió su primera portada con la modelo israelí Michaela Bercu, la cual lucia un suéter negro con aplicación en forma de cruz de Christian Lacroix y un par de jeans claros de Guess.

Al tener tanta experiencia en el campo editorial y tras el excelente trabajo de Diana Vreeland, la expectativa del mundo editorial se posó sobre la llegada de Anna a la cabeza de Vogue América. Se le apodo de diferentes maneras pero los más recordados son “Wintour nuclear” y “Miranda Priestly” por el afamado libro El diablo se viste de Prada, escrita por una de sus asistentes.

Uno de los eventos que reactivo la economía mundial de la moda fue Vogue Fashion Night Out en 2009, mérito de Wintour, siempre revolucionaria para su época. Apostó por poner en portada a celebridades en vez de modelos lo que la llevaría a tener una mayor exposición y ventas.

Su sello característico se encuentra en su corte de cabello estilo bob, -mismo que lleva desde que tiene 15 años y que es peinado cada mañana por su estilista-, sus lentes de sol obscuros y vestidos hasta la rodilla. No le gustan los conjuntos que son negros de pies a cabeza y es amante de las pieles. Su deporte favorito es el tenis y siente gran admiración por Roger Federer.

No solo trabaja en el mundo de la moda sino que, al igual que su madre, también se dedica a la filantropía, organizando la gala para recaudar fondos para el Museo Metropolitano de Arte y colaborando con asociaciones que buscan soluciones para el VIH.

Es una mujer apasionada a su trabajo que dedica sus esfuerzos por mejorar la industria y sin ella la moda no sería lo que es hoy, su labor no termina y seguirá provocando cambios al frente de Vogue.

Íconos, Anna Wintour en Odd Catrina, Revista digital

Ilustraciones Fryda Magaña Flores

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