Foto: Gage Skidmore bajo licencia de Creative Commons

Existe un tipo de snob intelectual incapacitado para apreciar la literatura. Este snob literario es una persona que juzga la calidad de un libro por factores externos: “¿lo que estoy leyendo fue escrito en el siglo XIX? De seguro es un gran libro” “¿el autor sigue vivo? ¿escribe fantasía? ¿es un autor comercial? Ugh, típico de los millenials” “Antes de leer a autores comerciales, deberías leer a los grandes escritores ¿cómo vas a disfrutar de una obra literaria si no te has leído la Poética de Aristóteles?”.

La mayoría de las personas que han existido sobre la  faz de la tierra no ha leído nunca la Poética, pero todos hemos disfrutado de un buen libro, de un buen relato.

La crítica literaria snob es esa que nunca trasciende la historia. Los críticos sirven para a averiguar qué libros seguirán siendo leídos en un futuro, pero el snob vive en el pasado: ha leído dos que tres novelas, dos que tres obras de Shakespeare y no por gusto propio, sino porque alguien más le ha dicho que eso es buena literatura. Es alguien que se acerca a un libro sin la intención de encontrar algo que le guste, sino esperando encontrar algo respetable, digno de ser leído. El snob está muertos por dentro y quiere transmitirle su muertismo a todos los demás. Es esta persona  quien no sabe reconocer en George Martin, autor de A Song of Ice and Fire -que se presentó la semana pasada en la FIL de Guadalajara-, a un gran escritor.

GRRM es un escritor comercial, escribe ciencia ficción y fantasía, sus novelas le han generado millones de dólares, y sigue vivo y es un gran autor. Borges decía que los grandes lectores se volvían grandes escritores. Si esto es cierto, deberíamos alzar a George Martin en un trono y proclamarlo rey de la ficción. Es un lector voraz. Ha pasado buena parte de su vida consumiendo películas de ciencia ficción y novelas de fantasía.

Lee con el corazón: existen cartas que le escribió a Stan Lee a los 16 años que lo confirman. Es solidario con sus compañeros escritores: cada año, antes de que se entreguen los premios Hugo, recomienda a otros autores menos conocidos y propone a sus candidatos favoritos. Su blog está lleno de comentarios sobre El Señor de los Anillos, La Isla del Tesoro, Sherlock Holmes, Ursula K. Le Guin, Maurice Druon, H.P. Lovecraft y todos los autores de fantasía y ciencia ficción que a uno se le puedan ocurrir.

Sus libros son el resultado de haber metido a todos estos autores en una licuadora, mezclados con historia medieval, Mad Max, Monty Python Star Wars, Blade Runner, los cómics de DC y Marvel y cualquier narración que le pueda llamar la atención a un niño ñoño. El resultado es un licuado concentrado de toda la ciencia ficción y fantasía escrita en los últimos dos siglos. Es lo que yo llamo “Licuado de George”. Cada vez que abrimos alguno de sus libros bebemos de este licuado; nutre a todos sus personajes, es la esencia de todas sus obras. Tiene buen sabor, porque George ha metido ahí todo lo que a él le gusta. El resultado no sería el mismo si hubiera metido en él las cosas que la gente le decía que eran dignas de leer, y no lo que le gustaba leer.

George escribe como lee: con el corazón. Si lo que escribe no es algo que a él como lector le gustaría leer, lo desecha. Tal vez por eso se toma tanto tiempo en escribir sus libros. Las esperas que nos hace sufrir antes de sacar una nueva novela son mortales, pero el resultado siempre es excelente.

Como el 99% de sus seguidores, empecé a leer los libros luego de ver la serie y es una de las mejores decisiones que he tomado como fanático de la literatura. Pocas veces en mi vida me he hecho un favor tan grande. Abrí el primer libro el día que HBO estrenó la segunda temporada y antes de que saliera el capítulo nueve ya me había leído todos. Al mismo tiempo tenía que presentar mis finales de la prepa. El tiempo que invertí leyendo A Song of Ice and Fire hizo que reprobara (irónicamente) mi examen de literatura. No me importó en lo más mínimo. Si la adicción que provoca la serie se parece a la de alguien que le gusta la cocaína, los adictos a los libros –al licuado de George- nos parecemos más a los heroinómanos: nos sumergimos en un mundo que no es el nuestro hasta que poco a poco nos deja de importar todo lo demás.

Es por eso que la abstinencia que ahora sufrimos todos los fanáticos de los libros es tan horrible: tenemos la coca barata, pero nos hace falta la heroína. La serie ya rebasó a los libros. Nuestro estado actual es todavía peor que el que sufre un drogadicto: si continuamos consumiendo Game of Thrones, nos arruinamos A Song of Ice and Fire. Y es difícil no consumir la serie: todo el internet, todas las redes sociales, todas las conversaciones de pasillo son un campo de minas lleno de spoilers. Bajo la lógica de que de todas formas alguien me iba a arruinar la trama me eché la sexta temporada y vivo eternamente decepcionado de haberme enterado que significaba el nombre de Hodor por la serie y no por los libros. No quiero ser malentendido: creo que la serie es espectacular, pero hacer televisión es mucho más difícil que hacer literatura: puedes exigirle menos al espectador, los costos son muy grandes y los tiempos muy cortos. Los efectos especiales son de primera calidad, pero la trama, el mundo y los personajes son un débil reflejo del licuado que George nos ofrece.

GRRM tenía presente esto- tenía el propósito de que sus libros fueran infilmables. Trabajó como guionista en Hollywood en los 80’s y 90’s y conoce de primera mano lo desdichada que es la industria para una mente creativa. Por eso exageró la grandeza de su obra: existen más de mil personajes nombrados en las novelas, y por lo menos 40 o 50 son esenciales para seguir el hilo de la historia. GRRM ha declarado en entrevistas que ha todos sus personajes les pone atención. Hasta los más insignificantes coperos y prostitutas tienen un desarrollo psicológico de fondo. Cada lugar tiene una historia detrás y cada hilo que parece estar suelto se enrolla en una gran trama de la que todavía no podemos distinguir el fin.

Si la obra de GRRM es vasta, la infinidad de teorías que ha inspirado y que pululan por internet es increíblemente inmensa. Bien podríamos recabar 15 tomos con puras teorías de Game of Thrones– y eso sólo contando las bien escritas. Si A Song of Ice and Fire fuera una obra sin valor, como dicen sus esnobistas detractores, las mil y un teorías (millón y un teorías, más bien) que buscan predecir el final de la gran trama no existirían: simplemente  no habría tanta gente interesada.

Existe tanto interés porque George hace mejor que nadie lo que los grandes autores aspiran a hacer: convencerte de que el mundo que te presentan es real, que se rige por una lógica interna y que los personajes que habitan ahí son personas de verdad, con las que empatizas y te encariñas. Hay personajes que me importan más que algunos familiares, profesores y amigos-  estos son menos interesantes, su autor no los desarrolló tan bien como George desarrolló a Tyrion y a Stannis (contrario a la cochina serie, Stannis sigue vivo en los libros). Si metiera a todos estos conocidos a una licuadora –metafórica- el resultado no sería ni de cerca tan apetecible como el licuado que me ofrece George.

Así que si eres un fan de la serie, espero haberte convencido de dos cosas:

  1. No espoilear a la gente que sólo quiere leer el libro. Habemos algunos que llevamos demasiado tiempo en él.
  2. Tirar esa coca barata que llamas Game of Thrones y empezar a beber un poco del licuado que George te ofrece, llamado A Song of Ice and Fire. Créeme, no te arrepentirás.

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