Fotografías por María Borrachero

Nací donde las torres se inclinan, donde las obras nunca acaban.

Donde se cruzan los caminos y se hablan todos los idiomas.

Donde no existe el acento, donde mazo lo es todo y todo se hace porque renta.

Donde el fútbol es religión y la religión tabú.

Donde nunca te aburres, donde comes de todo pero las bravas mejor, y regadas con una Mahou, gloria.

Donde no tenemos mar, pero vamos a todos.

Donde la chulería es el ingrediente secreto y las luces de madrugada señalan los caminos hacia todo lo bueno.

Donde el metro es una fiesta y el nocturno, un after.

Donde el equipo nos separa y el orgullo nos une.

Donde la juerga nunca acaba hasta que el acabado eres tú.

Nací en el kilómetro cero de todos los caminos, a las puertas del Sol, bajo los árboles infinitos del Retiro, en la parada anterior al puro cielo. En el centro del centro, frente al skyline con el que sueñas cuando viajas lejos.

Donde la Movida aún te mueve y donde la vena principal del latido constante que siempre se oye es la Castellana.

Donde los nardos se apoyan en la cadera, el peregrinaje se hace por Huertas y las celebraciones las presiden dioses desde sus fuentes.

Donde, al final, regresa siempre el fugitivo.

Pongamos que hablo de Madrid…”

Como habréis podido deducir, sí, soy de Madrid. Madrileña de pura cepa, como decimos aquí en la tierra de los vinos. Una mujer maravillosa me ha invitado a hablaros de mi bonita ciudad, y aquí estoy.

Y el caso es que, al pararme a pensar en Madrid, me he dado cuenta de una cosa: somos los madrileños los que menos disfrutamos de todas las cosas increíbles que la ciudad nos ofrece. No sé si os pasará lo mismo allí donde viváis, pero creo que es el hecho de tenerlo ahí cuando quieras, lo que nunca te hace reunir las fuerzas para visitarlo. Es sólo cuando alguien de fuera viene a conocer tu ciudad y te presta sus ojos, cuando por unos días eres simplemente un turista más.

Atardecer en Madrid por María BorracheroAtardecer en Madrid por María Borrachero

Así que ya, por adelantado, os invito a intentarlo con vuestras calles, vuestros monumentos, vuestros museos… Imaginad la magia que sentiríais si en ese mismo instante los estuvierais viendo por primera vez.

Me he propuesto no consultar ni una sola guía de “Madrid en tres noches” ni nada por el estilo, porque todo eso podéis encontrarlo en Google con un clic, así de sencillo. Yo os hablaré desde el corazón de una chulapa, de qué le gusta y qué no a alguien que se ha recorrido medio mundo y aun así sabe que siempre volverá a Madrid.

Si me acompañáis por este intensivo de “Madrid de Norte a Sur guiados por una chulapa”, encontraréis los siguientes hitos, que para mí te muestran la ciudad de verdad. La que vemos los locales cuando vamos camino al trabajo, cuando quedamos a comer con nuestras amigas del instituto, cuando queremos ir de compras… En fin, quizá no el Madrid más turístico tipo Tumblr, pero sí el más real.

Paseo de la Castellana

Como viajera empedernida, creo firmemente que la mejor manera de conocer una ciudad es andando. Y andando mucho, muchísimo, tanto que te duelan las piernas al llegar a la cama por la noche. Y si hay una calle por excelencia en Madrid, ésa es el Paseo de la Castellana.

Como anécdota, esta arteria central de la ciudad, en los tiempos de la dictadura se denominaba “Avenida del Generalísimo”, pero más tarde y por razones obvias, recibió ese nombre tan patrio de Castellana, que es con el que la conocemos todos.

 Las Cuatro Torres

Nuestros cuatro rascacielos que en inicio nadie quería que se hicieran, y a los que ahora (casi) todos los madrileños les tenemos un cariño especial. Todas las torres rondan más o menos la misma altura, aunque la que gana es la Torre de Cristal – que en su planta superior cuenta con un jardín – ¡Con un total de 249 metros y 52 plantas! (el edificio más alto de España, por cierto).

Si os animáis y el bolsillo os lo permite, en la Torre PwC hay un hotel que ocupa hasta la planta treinta y uno con un restaurante muy bueno y unas vistas espectaculares.

Las torres Kio

En la Plaza de Castilla – la pesadilla de todo conductor en prácticas –, tienes a la vista otra construcción muy especial: las Torres Kio. Desde pequeña me fascinaron, ya que son dos torres gemelas que se inclinan hacia la glorieta en un ángulo que parece imposible. Es como si siempre estuvieran a un suspiro de vencerse, pero nada, ahí siguen, repletas de oficinistas.

Estadio Santiago Bernabéu

Si seguimos andando desde Plaza de Castilla, pasaremos los Ministerios de Hacienda y Defensa – toda esta zona alberga una gran cantidad de embajadas, ministerios y organismos oficiales – y llegaremos al (perdonadme porque se me va a ver mucho el plumero) templo del fútbol. Justo ahí, en una de las calles más céntricas y transitadas de todo el país, está el Estadio Santiago Bernabéu, casa del Real Madrid. Siempre hay gente haciéndose fotos y, si como yo, eres fan de este equipo, el tour del Bernabéu es quizás algo caro pero merece la pena.

Si quieres prescindir del paseo por el césped, los banquillos, los vestuarios y la sala de los trofeos, otra manera muy especial de poder entrar y echar un vistazo al césped es comer en alguno de los restaurantes que se incardinan en el edificio. Mi favorito es el Zen Market, de estilo asiático, que además en muchas ocasiones te permite reservar a través de eltenedor.es con un descuento del 50%.

Un poco más adelante en mi calle favorita (por poco) de Madrid, encontraremos El Corte Inglés, nuestro centro comercial más grande.

*Tip para viajeros: si os hace falta comprar CUALQUIER cosa, es muy probable que en El Corte Inglés lo tengan.

Museo Nacional de Ciencias Naturales

Pasado el Ministerio que se extiende del centro comercial, tenemos una glorieta que cuenta con una estatua de Botero. Para quien no lo conozca, es un artista al que le gustaba retratar a hombres y mujeres, digamos, entrados en carnes. Justo al otro lado, tenemos el parque que nosotros llamamos “el parque del cubo”, por la escultura con forma de cubo que se encuentra plantada en mitad de la pendiente. Como madrileña honesta, diré tengo más memorias bebiendo allí en plena noche en tubos de plástico que durante el día, aunque los que hemos trabajado por la zona lo utilizamos para tomar algo el sol en el césped durante el descanso de la comida.

Al subir encontraremos el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Para los peques es una experiencia genial. Continuando un poquito más llegaremos a la plaza de Gregorio Marañón.

Aquí va una recomendación personal: en la misma rotonda encontraréis el restaurante Wanda, café optimista. Es muy acogedor y la comida está deliciosa.

Madrid otoñal por María BorracheroMadrid otoñal por María Borrachero

Centro de Madrid

Digamos que desde este punto, en la plaza de Gregorio Marañón, hasta el final de mi visita propuesta en la plaza Puerta del Sol, estamos ya en pleno centro de Madrid. Si os desviáis a lo largo de este tramo tanto hacia la derecha como hacia la izquierda, encontraréis multitud de restaurantes, pubs y discotecas, alguna pequeña iglesia, algún teatro y mucha vida.

¡Compras compras!

Continuando el recorrido de norte a sur que nos propone esta vía central de Madrid, está la plaza de Emilio Castelar, con su correspondiente estatua en el centro.

Aquí es donde propongo un detour opcional: si te gusta comprar y tienes dinero para hacerlo, desvíate a la izquierda hacia las calles de Serrano, Lagasca y Velázquez, que discurren paralelas a la Castellana, hasta la siguiente plaza que encontraremos, que es la de Colón. En este conjunto de estas tres calles principales y unas siete calles perpendiculares que se les cruzan, encontramos la crema y la nata de las marcas más exclusivas: Gucci, Loewe, Louis Vuitton, Tiffany & Co, Chanel…

Plaza de Colón

Estaremos ya entonces en la Plaza de Colón. La estatua del centro representa, efectivamente, a Colón, y a su alrededor encontraremos un pequeño parque con una gigantesca bandera de España. Bajo este parque y dando a la Castellana, se encuentra el Centro Cultural de la Villa, donde suele haber exposiciones interesantes. En su fachada principal tienen unas fuentes bastante espectaculares que dejan caer cortinas de agua con palabras, nombres de obras de teatro y patrones geométricos. También en esta plaza se encuentra el Museo de Cera, que es célebre – al menos en España – por tener las esculturas de cera peor hechas de la historia… No podía ser todo maravilloso aquí en Madrid.

Aunque lo que sí es una maravilla, y se encuentra justo frente al infame museo, es el edificio de la Biblioteca Nacional. Ocupa toda una manzana y ya sólo verlo desde fuera es una delicia. Sin disponer del carnet, se pueden visitar las numerosas exposiciones que acoge y el museo propio de la biblioteca. Y además, dentro del mismo edificio se encuentra el Museo Arqueológico Nacional, una visita también muy recomendable.

Plaza de Cibeles

Si andamos nada más que cinco minutos descendiendo la Castellana, encontraremos una de las plazas más conocidas de Madrid: la plaza de Cibeles. En el centro de la rotonda está la estatua de la diosa Cibeles, subida a su carruaje tirado por leones. Es en esta plaza donde los títulos que consigue el Real Madrid se celebran por todo lo alto, incluyendo un beso a la diosa y cubrir sus hombros con alguna bandera o bufanda del club. Además, en esta plaza se encuentran varios hitos turísticos importantes:

El primero, el Ayuntamiento de Madrid, un edificio precioso que además tiene una terraza abierta al público en la parte superior del edificio desde la que se disfruta de unas vistas muy interesantes.

También está la Casa de América, el antiguo palacio de Linares.

Con respecto a este edificio hay una leyenda – o no tan leyenda, si se atiende a los parapsicólogos y a los guardas que han pasado noches en él – que trata sobre una pequeña niña llamada Raimunda. Al parecer, sus padres se enamoraron locamente, pero antes de que ella naciera, descubrieron que eran hermanos. Se cree que la niña fue asesinada y emparedada en el edificio para terminar con las habladurías, y desde entonces los guardas nocturnos piden traslados porque dicen ver el fantasma de una niña pequeña, oír a un órgano tocarse solo y también voces, entre ellas una que grita “Raimunda”, otra que canta canciones infantiles… En fin, en Internet está una de las psicofonías que dice claramente “A mi hija, Raimunda, nunca, nunca”. Para los amantes de lo paranormal, es una visita también recomendable.

Y por último, frente a estos dos edificios, se encuentra el Cuartel General del Ejército de Tierra, donde se reúne el Estado Mayor del Ejército. Es más difícil de ver porque está fuertemente vallado y rodeado de árboles y arbustos, pero vaya, ahí está.

¡Y todo esto sólo en una rotondita de nada! En fin, aquí es donde os propongo, no, os obligo, a desviaros.

El Retiro en pleno diluvio por María BorracheroEl Retiro en pleno diluvio por María Borrachero

La Puerta de Alcalá – El Retiro

Si cogéis a la izquierda la calle de Alcalá –una de las más largas de la capital – que pasa entre la Casa de América y el Ayuntamiento, y subís un poco la cuesta, veréis la Puerta de Alcalá, en la Plaza de la Independencia. Es uno de los monumentos más representativos de Madrid, sale en casi todas las postales, siendo nuestro particular Arco del Triunfo. A sus pies, en uno de los cuadrantes de la rotonda en la que se encuentra, se abre la puerta principal al Parque del Retiro. Es el Central Park madrileño, ocupando 118 hectáreas, y cuenta con su propio lago donde es obligado alquilar una barquita de remos y dar de comer a las carpas gigantes que habitan allí.

Es un sitio ideal para hacer un picnic, para disfrutar con los peques de las barcas, de los espectáculos de titiriteros, de los pavos reales…

La Gran Vía

Si desde la plaza de Cibeles tomáis Alcalá hacia la derecha, por la acera que rodea el Cuartel General, veréis una bifurcación, justo frente al edificio Metrópolis. Yo os recomiendo tomar la Gran Vía, el camino de la derecha. Es una de las calles más bonitas y más vivas de Madrid, con infinidad de tiendas y restaurantes, y personalmente, también una de mis favoritas.

Id despacio, saboreándola, y llegaréis hasta nuestro Times Square, la plaza del Callao donde se levanta lo que todos conocemos como el “edificio Schweppes” por su neón tan característico. Yo os animaría a seguir la Gran Vía hasta la Plaza de España, que cuenta con un inmenso hotel que lleva años cerrado – aunque al parecer un grupo asiático ya lo ha adquirido y a futuro reabrirá sus puertas-. Frente al hotel hay un pequeño jardín con una fuente muy bonita, y en el recinto suelen organizar eventos, mercadillos, etc. A unos diez minutos andando, encontraréis el Templo de Debod, que os aparecerá seguro en todas las páginas de turismo que encontréis, así que no me explayo.

La Puerta del Sol

De vuelta a la plaza del Callao, si en lugar de continuar la Gran Vía hasta plaza de España, giramos a la izquierda por la calle Preciados, descenderemos hasta la famosísima Puerta del Sol. Es la plaza de Madrid por excelencia, ahí se encuentra el kilómetro cero de todas las carreteras españolas, también se yergue la estatua del oso y el madroño – símbolo de la ciudad – y no hay un minuto del día en el que no esté repleta. El reloj del edificio central es al que enfocan todas las cámaras el último día del año, casi como la famosa bola de Times Square, pero nosotros lo celebramos tomando doce uvas, una por cada segundo que este preciso reloj se toma para entrar en el año siguiente.

Recomendación muy madrileña: es algo tipiquísimo el acercarse desde aquí a la chocolatería San Ginés, que está apenas a cinco minutos andando, y degustar un chocolate con churros, de los de verdad.

Y aquí me detengo, porque podría seguir hasta la Plaza Mayor, y luego hasta el Palacio Real, y también os llevaría de juerga por la calle Huertas de bar en bar, o también continuaría explicándoos que, si seguimos bajando Castellana encontraríamos el Museo Thyssen, la plaza de Neptuno y por supuesto el Museo del Prado… Pero también estará bien que descubráis solos aquello que mi preciosa ciudad tiene para ofreceros. Y como que sabe mejor cuando uno le cuenta a los suyos “Descubrimos un restaurante monísimo en tal esquina, al lado de una tienda antigua de vestidos vintage, estaba vacío, ¡y nos encantó!”, ¿o no?

Gracias por acompañarme descendiendo la arteria central de mi hogar. Sé que quien visita Madrid, siempre quiere volver. Y sé que quien nació aquí, lo llevará siempre un poquito dentro. Os dejo una canción preciosa, por si no os terminaba de entrar el gusanillo, dedicada a la señorita Madrid y a su espíritu incansable. Y, como cuenta el dicho, “De Madrid al cielo”.

El centro de Madrid por María BorracheroEl centro de Madrid por María Borrachero

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