Soy fan de Harry Potter. De sus mundos y de sus historias. Lo sé yo, lo sabe mi vecina que siempre me vio con un libro y lo sabe mi abuela que insistía en preguntarme por qué seguía leyendo el mismo libro, pregunta a la que yo contestaba que no era el mismo, solamente era la séptima entrega de la misma saga. Y sí, seguía siendo igual de interesante que la primera. Vamos, desde los once años espero mi carta de aceptación a Hogwarts y sigo pensando que el día de mi cumpleaños aparecerá una lechuza pidiéndome disculpas por la tardanza. No hace falta decir que ha pasado más de una década desde que cumplí los once. Mi generación se dejó enganchar por el mundo de la magia. Y, de la misma manera, otra vivió por y para la Guerra de las Galaxias. Así como yo quería una varita, ellos querían una espada láser. Así como yo temía a Voldemort, ellos temían a Darth Vader. Así como yo confiaba en Dumbledore, ellos en Yoda. Los personajes son infinitos y la batalla entre el bien y el mal se ve reflejada en cada una de las entregas de las sagas. Esto no solamente pasa con Harry Potter o Star Wars. También están Indiana Jones, Matrix, El Señor de los Anillos y la lista puede continuar. Muchos cuestionan el alargamiento de la narrativa de cada una. El por qué son necesarias tantas películas con los mismos protagonistas. Sin embargo, yo los defiendo a capa y espada (o capa y varita) debido a que el argumento narrativo de la vida de los personajes es sólo una excusa para adentrarnos en un mundo que venera a la ficción.
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 Lo que me enseñó Harry Potter no fue si los protagonistas eran o no capaces de mantener el interés de los lectores, sino lo increíble que es la imaginación y los pocos límites que tiene. J. K Rowling creó un mundo que se volvió propio para un millón de lectores. Cada uno de ellos sabe lo que es Gringotts, Hogsmade y Hogwarts. Cada uno de los que compraron su obra sabe las reglas del Quidditch, lo que es una snitch y lo que te puede hacer un dementor. Todos soñamos con el callejón Diagon y creímos casi imposible la muerte de Voldemort. Nos sabemos muggles con privilegios de asomarnos por la ventana al mundo de los magos. El personaje de Harry nos guió en el descubrimiento del mundo de la magia, la familia Weasley nos enseñó la magia en la vida cotidiana, Hermione nos adentró en la reglas y el aprendizaje en Hogwarts y Dumbledore nos mostró la historia de los magos y su papel en el mundo, con muggles incluidos. No es sorpresa que ahora la autora de este mundo se planteé cuatro entregas más. Su mundo, mi mundo, da para mucho más. No son los personajes los que nos engancharon al comienzo, fue el mundo en el que vivían. Ahora, Newt Scamander es el guía de la historia. Con o sin Harry el mundo mágico sigue enganchando a antiguos y nuevos lectores. En la Guerra de las Galaxias sucede los mismo. En este mes se estrenó otro capítulo de la historia. Lo más sorprendente de esta saga de ciencia ficción es que ni siquiera presenta el argumento de manera lineal. Tengo que confesar que incursioné en el mundo de la galaxia hace poco, y ver la saga de manera lineal me ayudó a comprender bastante. No obstante, los fanáticos tuvieron que verla con precuelas, secuelas, y demás “cuelas” que puedan meter entre historias.
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Su éxito se basa en que el público siempre querrá volver a la nave y viajar a través de las estrellas. Da igual si es Han Solo o su sucesor el que piloteé: todo estará bien mientras nos montemos en la nave y conozcamos una esquina más del mundo galáctico. No obstante, hay que resaltar que los creadores no tienen una tarea fácil. Siempre tienen que aportar el doble de contenido y contexto que la entrega anterior. Tienen que saciar nuestra curiosidad y, de igual manera, dejarnos con el deseo de saber más. Siempre más. Si una entrega se vuelve tediosa y repetitiva, la audiencia podría deslindarse del mundo entero. Es un preciado paquete narrativo que debe ser cuidado. A nadie le gustaría ver a sus héroes o a su mundo, subestimado o mal trabajado. Las nuevas propuestas tienden a competir con el imaginario colectivo de una generación que quiere más pero que al mismo tiempo no quiere cambios drásticos en su historia de cabecera. Quieren ver a Harry, pero que siga siendo el mismo que les cayó bien al principio. Quieren verlo crecer, pero dudan de su versión adolescente les caerá igual de bien que su versión de once años. Quieren saber de su vida de adulto pero siguen viéndolo como el niño con el que crecieron. Un poco como la tía que no supera que has crecido y no quiere ver tus cambios, sino sacar los álbumes y limitarse a recordar tu infancia, ¡hay de ti si continuas creciendo y cambiando! La creación de mundos paralelos es la meta máxima de cualquier escritor. El cortometraje de George Lucas in love y el cómo se inspiró en su época universitaria para crear una galaxia entera es, sin lugar a dudas, un claro ejemplo de la inventiva del escritor. El corto muestra la forma en la que toma características de su entorno, rasgos físicos de sus conocidos, argumentos de sus aprendizajes de vida y la lucha para lograr algo como línea argumentativa. Para él Yoda será su profesor, Darth Vader su colega y su amor platónico la princesa Leia. Cada uno de los personajes evolucionará y se convertirán en algo completamente diferente, pero la semilla del personaje, el comienzo de la creatividad están allí, en el entorno de cualquier mortal. La clave es que supo seleccionar el potencial de cada personaje para convertirlo en un carácter profundo y lleno de matices.
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  En el caso de Rowling, hay una película (no autorizada por la autora) que narra cómo el mundo mágico creció en su cabeza. Gringgots y sus duendes fueron inspirados por las veces que la autora tuvo que pedir dinero a la ayuda social. Sus dificultades y las ganas de salir adelante son la base del difícil comienzo del protagonista. Las personas que la rodeaban fueron la semilla de sus personajes, su imaginación e inventiva los hizo crecer. Esos mundos marcaron mi infancia. Esos mundos me abrieron el panorama. Con o sin protagonistas. Con o sin secuelas. Cada generación tiene su adicción a querer saber más de ese mundo que la vio crecer. Yo seguiré abriendo la ventana cada vez que me digan que hay un personaje mas que me invita a volver a entrar. O simplemente, abriré esa ventana por el placer de seguir en contacto, seguir cerca de la magia. Quién sabe, a lo mejor a fuerza de abrirla tantas veces se cuele una lechuza y me traiga mi condenada carta.
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