Orhan Pamuk nació en Estambul en 1952. Desde pequeño pensaba que se dedicaría a la pintura y el arte, pero a los veintitrés años, luego de intentar con la carrera de arquitectura y completar la de periodismo, decidió que la escritura era su vocación y decidió encerrarse en su departamento a escribir. En 1982, publicó su primera novela “Cevdet Bey e hijos” con la cual inició una carrera de reconocimientos dentro y fuera de su país. En 2006 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. A la fecha ha publicado veintidós libros que se han traducido a sesenta y dos idiomas.

Ahora, yo no sabía nada de esto antes de tener en mis manos su tercer libro: El castillo blanco. Yo solamente me dejé seducir por la breve sinopsis de esta pequeña novela.

¿De qué va?

Un joven astrólogo y científico italiano, cuyo nombre nunca nos es revelado, es capturado por piratas y vendido como esclavo en Turquía. Fingiendo ser doctor y poniendo en práctica lo que sabía de medicina, se libera de trabajos forzados. Es dado como obsequio a un hombre sabio, al que conocemos como El Maestro, con quien comparte un inexplicable parecido físico. Éste, le pide al joven que le revele todo lo que sabe de ciencia y el occidente a cambio de su libertad, para así emprender una búsqueda interminable de conocimiento.

Con el paso de las décadas, las identidades de los dos personajes comienzan a entrelazarse y desdibujarse conforme se enfrentan a epidemias, sultanes, la encomienda de crear el arma más poderosa del mundo y la finalmente, ante la inquietante pregunta “¿quién soy yo?”. La cual les hace reflexionar sobre la posibilidad de que dos hombres puedan intercambiar vidas sin que nadie se de cuenta.

Aunque hacia la mitad de la novela podemos deducir el desenlace de estos dos personajes cuasi-gemelos, la forma en la que Pamuk nos lleva a él es lo que lo vuelve un libro memorable.

El prefacio pertenece a Faruk Darvinoglu -un personaje ficticio que apareció en la novela anterior del autor, La casa silenciosa– que asegura haber encontrado aquel texto entre los archivos perdidos de un organismo gubernamental. Este detalle, de historias dentro de otras ficciones, despertó mi interés y mi imaginación.

A primera vista este libro aborda el tema de la identidad personal, pero su reflexión va más profundo. Entre sus páginas, Pamuk plantea las extrañas diferencias y similitudes entre la cultura de oriente y occidente; entre la tradición y la modernidad. Por un lado el racionalismo y por el otro la fe y religión que en ocasiones tenía mayor incidencia en la toma de medidas de salud, sociedad e incluso de guerra.

Pero el gran fondo de la novela reside en la relación entre El Maestro y el narrador, la cual inicia con el sometimiento de uno y la admiración del otro, para después convertirse en rivalidad y desdén, surcando, por momentos, aguas de dolorosa introspección y pérdida de identidad y culminando con un amor fraternal de dos personas que pasan casi toda una vida juntos.

Conozcan o no el trabajo de Orhan Pamuk – como me sucedió a mi-, El Castillo blanco es un excelente libro que merece más de una lectura.

  • 4.5/5 estrellas
  • Orhan Pamuk
  • 182 páginas
  • Literatura Penguin Random House
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