Hace unos meses la joven escritora Catalina Aguilar Mastretta sorprendió a los lectores millennials con Todos los Días Son Nuestros, una sólida novela sobre el amor y lo que pasa cuando éste termina después de muchos años.

La también guionista y directora de cine llevaba mucho tiempo metida en la redacción de historias para la pantalla grande, así como en promover Las Horas Contigo (México, 2014), su primera y muy festivaleada película, por lo que no había conseguido el espacio para volcarse por completo a la literatura.

Todos los Días Son Nuestros, de editorial Océano, fue el resultado de muchas ideas y hojas escritas que la autora no lograba acomodar en los otros proyectos en los que estaba metida, pero que, tras largas revisiones, logró dotar de cierta intención.

María y Emiliano son los protagonistas del cuadro amoroso. Ella es crítica de cine y él un aspirante a cineasta y guionista. Se conocen desde la adolescencia, cuando por azares del destino entrecruzaron sus vidas y se dieron cuenta de que pertenecían a familias y costumbres distintas, pero que aún así se entenderían como pocos.

No hubo remedio: se enamoraron, después se fueron a vivir juntos, permanecieron en el mismo departamento diez años y se separaron. Amor y desamor en cada una de sus facetas.

¿Qué pasa cuando una relación de años se va al traste? ¿Eres tú otra vez? ¿Qué tanto le debes a quien fuera tu pareja? Estas y otras interrogantes pululan en la mente de María, quien, para no abrumarse, opta por escribir cuanto encargo llega a sus manos. No se entiende sola y no está tranquila sin saber qué es de Emiliano. Lo busca a toda costa. Lo desea.

En apenas doscientas cincuenta páginas, Aguilar Mastretta es capaz de narrar dos vidas con tremenda sencillez y precisión. Nos permite adentrarnos en sus personalidades, sueños y miedos sin necesidad de grandes descripciones o diálogos. Va y viene con una soltura que recuerda a la velocidad que obliga el Internet y consigue dejarnos pegados a la historia.´

María parece estancarse en su vida profesional y amorosa mientras que Emiliano emprende una relación con una actriz más joven que ellos y termina de escribir el guión de la que después se convertirá en su primera película.

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A la distancia, ella lo ve a él con cierto prejuicio; cree que le sirvió abandonarla para aventurarse a hacer lo que soñaba, y no tolera que ella ni siquiera sepa qué tipo de mujer es y cuáles son los límites de su personalidad fuera de la relación que mantuvieron. Después de todo, la novela no pretende ser algo que no es, o de divagar por terrenos de análisis filosófico sobre la condición humana, y, por lo tanto, funciona en su deseo de contar una historia sencilla de la mejor manera posible.

Catalina Aguilar Mastretta, hija del periodista Héctor Aguilar Camín y la escritora Ángeles Mastretta, viene de una familia de pesos pesados en la industria literaria, sin embargo, la joven autora y cineasta ha logrado cosechar su propia voz y seducir a un público adolescente y adulto con sus propias reglas. Además, la autora ya trabaja en la adaptación televisiva de la novela Diablo Guardián de Xavier Velasco, quien, por cierto, firma los comentarios que figuran al reverso de Todos los días son nuestros.

  • Ficción y poesía
  • 252 páginas
  • Editorial Océano
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