Dos mil miradas, mil edificios, quinientas canciones escuchadas, cuatrocientas fotografías, trescientas sonrisas, doscientas calles y museos recorridos. Cien conversaciones distintas, cincuenta nuevos platillos, veinticinco capuchinos tomados justo en el atardecer, diez ciudades, cinco libros leídos, tres amigos nuevos y solo la simple decisión de tomar un tren.

Varias veces tuvo miedo. Llegó a pensar que dejar su hogar no era la decisión correcta, pero cada vez que se armaba de valor para subirse a ese tren, comprendía mejor el sentido de la vida. Escuchaba más a las personas, vencía sus miedos, aprendía nuevas cosas, disfrutaba más los pequeños detalles y valoraba más aquella estación de tren donde todo comenzó.

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