Foto: Álvaro Serrano via unsplash.com

marzo, rituales en odd catrina

La palabra “ritual” puede aludir a muchas cosas, pero en general sugiere la repetición de actos simbólicos. Y sin duda, en el proceso de la creación del arte, todo acto repetido, todo hábito, alcanza un nivel simbólico. Siempre me ha resultado fascinante descubrir los distintos hábitos y excentricidades  involucrados en la  elaboración mis novelas favoritas. ¿En qué posición escribían los autores? ¿Que bebida tomaban? ¿Que instrumentos utilizaban?

Les comparto cinco de los rituales de escritura de algunos de mis autores favoritos.

Jane Austen

Obras importantes: Orgullo y prejuicio, Emma.

A difereA Portrait Of Jane Austenncia de otros autores, Jane Austen no era una persona particularmente excéntrica. Su única manía era su obsesión por mantener en secreto su ocupación de escritora. Vivía una doble vida: para conocidos y vecinos era la hija solterona de un párroco provincial, pero en secreto, era además la brillante autora de Orgullo y Prejuicio etc. Para mantener esta fachada, Austen trabajaba en el vestíbulo de su casa en Chawton mientras el resto de la familia estaba en la sala. Escribía en hojas pequeñas para poder esconderlas rápidamente si alguien la interrumpía.

La puerta que llevaba al vestíbulo crujía molestamente, pero Austen insistía en que no se arreglara este defecto. De esta manera podía saber si alguien iba a entrar y escondía apresuradamente sus papeles e instrumentos de escritura.

Puedes leer al respecto en: A Portrait of Jane Austen de David Cecil

Truman Capote

Obras importantes: A sangre fría, Desayuno con diamantes.

CapoteEl oficio de escritor. Entrevistas con grandes autores escribía la primera versión de sus obras a mano y con lápiz. Se describía a si mismo como “un autor completamente horizontal”.  Escribía siempre acostado, en su cama o un sillón, con un cigarro y algún brebaje a la mano. El brebaje en cuestión dependía de la hora del día: “a medida que avanza la tarde, cambio de café a té de menta, y de jerez a martinis”.

Puedes leer al respecto en: El oficio de escritor, una colección de entrevistas a distintos autores publicadas por The Paris Review.

Edith Wharton

Obras importantes: La edad de la inocencia, La casa de la alegría.

Edith WhA Backward Glancearton nació y murió en la  abundancia. Como hija de una de las familias más prominentes de Nueva York a la vuelta del siglo, nunca le faltó ni el dinero ni la influencia. Su labor literaria por tanto, jamás se asemejó a la clásica imagen romántica del escritor empobrecido llenando hojas en un cuarto frío y sucio. Wharton escribía cómodamente en su cama todas las mañanas y lanzaba las hojas terminadas al piso. Posteriormente, era tarea de su secretaria recoger estas hojas y acomodarlas. Después de comer, Wharton se daba a la tarea de editar su trabajo.

Puedes leer al respecto en: Una mirada atrás, la autobiografía de Edith Wharton

 

Vladimir Nabokov

Obras importantes: Lolita, Ada o el ardor.

Al igual que otros autores de esta lista, Nabokov trabajaba por las mañanas, antes de desayunar. Escribía en fichas bibliográficas que numeraba cuidadosamente. Éste proceso le permitía re-ordenar las escenas de su historia con facilidad. Una vez que tenía un buen número de fichas terminadas, se las daba a leer a su esposa. Ésta revisaba la ortografía “y legibilidad” de las  tarjetas y las mandaba transcribir a máquina.

Puedes leer al respecto en: esta entrevista que dio Nabokov en el New York Times en 1968.

Ernest Hemingway

Obras importantes: Fiesta, Por quién doblan las campanas.

Hemingway eEl oficio de escritor. Entrevistas con grandes autoresra un notorio alcohólico que disfrutaba de pasar la tarde lujuriosamente asentado en algún hotel del norte de España. Resulta difícil congraciar esta imagen con la de un arduo trabajador, dedicado por completo a su oficio de escritor. No obstante, Hemingway era un artísta sumamente disciplinado. Trabajaba temprano por las mañanas, “tan pronto como sea posible después de la salida del sol”. Escribía, al igual que Capote, con lápiz, en hojas tamaño carta que iba sacando de un sujetapapeles a su izquierda. Cada que terminaba una página, la insertaba bocabajo en otro sujetapapeles a su derecha. Utilizaba la máquina de escribir para fragmentos que consideraba más sencillos, como el diálogo. Llevaba, además una cuenta detallada del trabajo que realizaba cada día “para no engañarse” en un pedazo de cartón en la pared.

Puedes leer al respecto en: El oficio de escritor, una colección de entrevistas a distintos autores publicadas por The Paris Review.

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