La magdalena de Proust: Sakina M’Sa por Fernanda Ballesteros

Sakina M’sa es un ícono de la moda en Francia. Antes de verla, la wikipedeo, stalkeo su página y veo que no es francesa, es de las Islas Comoras, cerca de Madagascar. Hija de un obrero, naturalmente interesada por el arte y la literatura (contrario al ambiente de su país), zarpó en el universo de la moda.

Ya instalada en el territorio galo marcó la pauta de su activismo: sus modelos son flacas, no tan flacas, fornidas, ojos rasgados, ojos grandes, altas, chaparras, blancas, oscuras y amarillas. Tiene premios no sólo de moda y diseño, también sobre la dignidad de los derechos de la mujer y el desarrollo sustentable en términos ecológicos y sociales en el que maneja su imperio artístico.

Sakina M’sa aparece en el bar con su melena afro y su novio que le dobla en edad y en altura. Barba blanca, lentes con mucho aumento y saco negro. El aire de intelectual es real, Philippe Lemoine es un gran economista ligado al mundo de la tecnología de información para un reajuste social. Una reunión internacional lo jaló a México con su pareja. Ella no se queda atrás.

Sakina M’sa3

Estamos en una casona del porfiriato, techos altos, adornada en negros, con un bar al centro en un círculo luminoso. Para calentar garganta, un coctel mexicano. Plática para abrir pista en la conversación: ¿Les está gustando México? Con el apetito de la cena mi pregunta se desvía a: ¿Qué tal la comida mexicana?

“I tried my first cricket today!” (“¡Hoy probé mi primer grillo!”)

Sakina fue la única del grupo de extranjeros del tour que se atrevió a probar el chapulín. Siguió el consejo del guía de cerrar los ojos para aventarlo dentro de su boca y voilà! el momento de la magdalena de Proust. 30 años atrás, con pies descalzos en la tierra de las islas Comoras, Sakina comía insectos: envueltos en la cáscara del plátano, se cocinaban entre el carbón. Así que no, no era su primera vez en masticar patitas y cuerpos crujientes. De niña comió a montones. Arribó a Marsella a los 7 años, y fue hasta ese momento que se puso zapatos y chamarra por primera vez: la vida en un pedacito de tierra al lado de Madagascar era sencilla.

La magdalena de Proust en un chapulín mexicano

¿El chapulín sabía igual que el africano? No. El mexa tenía un sombrero y el de las islas Comoras estaba descalzo. Las bocas de los tres se abren en risas y acabamos sedientos el coctel del mezcal que ils int adoré (a ellos les encantó) . ¿Tenía chile? ¡Wow!, ni se siente.

Sakina M’sa

Me preguntan sobre mi familia. Como buena mexicana, le recité la plegaria entera de apellidos de papás, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos y se atacó de risa. En las islas Comoras, es el papá quien toma el nombre del primer hijo. Su papá dejó su apellido M’sa para ahora llamarse Nawab, padre de Sakina.

En  búsqueda de una cena mexicana, terminamos sobre sillas de madera, bajo lámparas naranjas y un tamal al centro de la mesa. “¡Frida Kahlo! Es una mujer muy inspiradora”. Sakina muestra en el celular la foto que tomó al último cuadro que hizo: unas sandías con la frase de Viva la vida plasmada en una fruta sonriente. “¡Y el azul! Yo también quiero una casa azul”. Su departamento en París tiene una pared azul. No es por casualidad la atracción por este color. Sakina tiene una colección azul de su ropa. Justo ese azul, uno eléctrico, en Francia es etiqueta para los obreros. La línea es en honor a su padre, carnicero y albañil. Menciona también La Goutte d’Or, el barrio en París donde hay más concentración de africanos. Sakina dedica parte de su talento a dar importancia a los grupos marginados.

Philippe agarra la pequeña mano de Sakina y nos dice: “¿Sabes que ella, aparte de ser una gran creativa, es también buena para dirigir talentos? Va a ser directora de una película.” (El fideo seco con chilaquiles, un éxito. ¿Qué con chilaquiles no es un éxito?) Será un documental en la cárcel de mujeres. Sakina lleva tiempo visitando la cárcel. Les da pláticas sobre moda y ellas le pidieron organizar un desfile dentro de la prisión. Sakina aceptó con la condición de que ellas fueran las modelos.

Sakina M’sa2

Ahora es Sakina quien presume de su pareja. Que está escribiendo una obra de teatro. Él dice que quiere intentar una nueva manera de comunicar sus ideas (tiene varios libros publicados de economía, algunos con pseudónimo). Conviviendo diario con una artista del nivel de Sakina, entiendo su inspiración.

De regreso al hotel, pasando por las calles oscuras de la Roma, Sakina confiesa: “México me encanta porque es muy verde”, y sus ojos africanos se adentran en los árboles negros del parque Río de Janeiro.

Si te interesa conocer más de la vida y trabajo de Sakina visita su página web

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