Why I am Not a Feminist, A Feminist Manifesto resulta una lectura rápida y provocadora. Me la pasé alternando entre asentir con entusiasmo “SÍ, SUPER SÍ” y negar la cabeza con escepticismo.

Los argumentos y críticas que presenta la autora son una maraña de contradicciones e incongruencias. Ofrece una excelente (y altamente necesaria) crítica de cómo el feminismo neo-liberal que ha llegado al “mainstream” no es más que una farsa ridícula y superficial que se nutre de la “cultura de la indignación”. Critica, por ejemplo, como el feminismo de primer mundo pretende ser una “lucha en contra del sistema” a pesar de tener un gran mercado para “mercancía feminista” (camisas y tazas que leen cosas como “abajo el patriarcado” y “Girls Just Wanna Have Fun…damental Rights”) y ser predicado por una gran gama de celebridades y medios establecidos, desde Beyoncé hasta POPSUGAR Entretainment.

Critica asimismo cómo las intervenciones del feminismo de primer mundo como movimiento social parecen limitarse a la destrucción laboral y social de aquellos individuos específicos que utilizaron el lenguaje equivocado, se pusieron alguna camisa inapropiada o hicieron algún chiste machista. Pero mucho de lo que propone como “verdadero feminismo” no dista mucho del feminismo de redes sociales que critica, en cuanto a falta de matices y profundidad.

Plantea, por ejemplo, que deberíamos dejar de decir que las mujeres son todas criaturas buenas y cariñosas que harán que el mundo sea mejor, mientras que los hombres son todos violentos y destructivos y harán que el mundo sea peor, dado que esto es una terrible sobre simplificación (lo es) que niega la complejidad de la naturaleza humana (lo hace). Pero, por otro lado, está obsesionada con la noción de que el problema con el feminismo contemporáneo es que “solo” ha logrado que las mujeres tengan acceso a posiciones de poder en una “estructura patriarcal” (la cual toma por sinónimo de capitalismo) en lugar de crear la “mejor” estructura de la que son capaces las mujeres.

Así que básicamente sí afirma que el “patriarcado” (que ella entiende por estructuras capitalistas occidentales) es malo para el mundo porque fue creado por criaturas egoístas y malditas (los hombres). Y también afirma que las mujeres pueden hacer mejores sociedades dado que son naturalmente más empáticas y cariñosas.

Este tipo de contradicciones e incongruencias hacen que no quede del todo claro de donde vienen las críticas de la autora o por qué las hace. Muchas de ellas estarían mejor situadas en un libro titulado “Why I Am Not A Capitalist”. No obstante, al cuestionar mantras “feministas” que hoy en día resulta casi sacrilegio cuestionar, el libro resulta una necesaria irrupción en la cámara de eco que se ha convertido dicho movimiento últimamente.

  • 3/5
  • Melville House
  • 151 páginas
  • Idioma: inglés
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