Foto: Elena Ferrer via unsplash.com

Antes de Facebook, WhatsApp, BBM, MSN, HI5, Fotolog, Fax y el telégrafo, existieron el papel y la pluma.

El escenario era el siguiente: persona, pluma en mano y hoja en blanco. Después de desplomar el enredadero de ideas y sentimientos que tenía uno en la cabeza o en el cora, seguía sellar y enviar la carta. No me puedo imaginar el nervio de enviar una carta, ¡implicaba no tener acceso a saber si la recibió o no, si la leyó o no! El destino de la carta era un misterio hasta que el recipiente contestara (para el que se durmió en gramática en sexto de primaria: recipiente o receptor es quien recibe, el remitente es quien envía). ¡Qué agobiante!

O ¿será que es más agobiante saberlo todo?  saber si llegó o no, en qué minuto exacto llegó, si se vio o no se vio, y ahora, gracias a la maravillosa creatividad del staff de FB, podemos saber si: gusta,  encanta,  divierte,  asombra,  entristece o  enoja. En realidad, no sé qué es más preocupante, no saber o saberlo todo y en cuestión de minutos. Cualquiera que sea el caso, hoy en día no tenemos la necesidad de mandar cartas, y, aun así, lo hacemos. Es el mismo caso de quienes escuchan música en vinil, quienes sumergen una pluma en un tarrito de tinta liquida o fuman tabaco en pipa… Acabo de describir al 80% de los integrantes de la facultad de filosofía.

Hoy tenemos acceso a un sinnúmero de grandes cartas de amor escritas por enormes figuras a lo largo de la historia. Las cartas, al ser el antiguo medio de expresión a distancia, no tenían la finalidad de ser publicadas. Resulta bastante invasivo que podamos googlear las frases más profundas e íntimas entre Frida y Diego o Zelda y Scott Fitzgerald. Ahora hasta nos encontramos frases de sus bellas cartas en imágenes rosa pastel con un marco de flores y un Piolín pixeleado en la esquina. Pero bueno, dejando a un lado la evidente violación de privacidad, partamos del hecho que sería un crimen no compartir esos pensamientos con el resto de nosotros mortales poco creativos.

Oscar Wilde & Bosie

Una de las plumas más elocuentes en este sentido, en mi humilde opinión es Oscar Wilde. Todos hemos tenido desamores, pero ninguno nos ha dejado en el bote (espero). Wilde, desde la cárcel, escribe una carta de despecho/amor a su amante, Bosie ( Lord Alfred Douglas). Este jovenzuelo amante suyo no sólo lo batea  y rompe su corazón,  sino también, despilfarra toda su fortuna. Y, además,  su padre denuncia a Wilde por corromper a su inocente retoño, y lo manda a parar a la cárcel  En la prisión le llegó la inspiración, y sobre la hoja su pluma voló pa’ contarles que pasó y por qué estuvo encerrado (Cfr. Cartel de Santa, 2008).

Bajo el título De Profundis, Wilde narra su historia con Bosie a modo de carta, dirigida al mismo. Hace un recuento de sus experiencias juntos, buenas y malas. Explica cómo es que se hizo adicto a él y perdió todo uso de razón y prudencia al estar enamorado. Al encontrarse en la cárcel y sin recibir noticia alguna de su supuesto amante, ahí en la soledad, es que se da cuenta de lo poco correspondida que era su relación. Escribe cuanto lo odia, pero también cuanto lo sigue amando.

I don’t write this letter to put bitterness into your heart, but to pluck it out of mine. For my own sake I must forgive you.”*.

Aparte del magistral uso del lenguaje, la grandeza de la carta radica en un debraye sobre el amor y la entrega:

“Love does not traffic in a marketplace, nor use a huckster’s scales. Its joy (…)  The aim of Love is to love: no more, and no less. You were my enemy: such an enemy as no man ever had. I had given you all my life, (…). For my own sake there was nothing for me to do but to love you.**

Scott & Zelda Fiztgerald 

No todas las musas (o musos) son mudos y desconsiderados como Bosie. Zelda Fitzgerald, a pesar de la tortuosa relación que llevaba con su marido Scott Fitzgerald, le escribe bellas cartas describiendo sus sentimientos. Zelda,  siempre fue una loquilla indomable, y su matrimonio con el famoso autor no calmó las aguas. Ella fue inspiración para Scott durante toda su carrera de literato, hay muchos rasgos de Zelda en varias de sus novelas y personajes. Ella, al ser también escritora, más de una vez optó por escribirle durante momentos difíciles:

I’d just hate to live a sordid, colorless existence because you’d soon love me less and less and I’d do anything — anything — to keep your heart for my own (…) Don’t—don’t ever think of the things you can’t give me. You’ve trusted me with the dearest heart of all—and it’s so damn much more than anybody else in all the world has ever had.***

Frida Kahlo y Diego Rivera

No es novedad que Frida Kahlo y Diego Rivera no mantenían una relación perfecta, ni cerca. “Quizá esperen oír de mí lamentos de ‘lo mucho que se sufre’ viviendo con un hombre como Diego. Pero yo no creo que las márgenes de un río sufran por dejarlo correr…” dice Frida respecto de su esposo. Frida se expresaba por medio de la pintura, sus obras plasmaban sus sentimientos más profundos a modo de catarsis. Sin embargo, no era suficiente, también le escribía a Diego, y mucho. Le escribe en una de sus múltiples cartas.

Tú eres todas las combinaciones de números. La vida. Mi deseo es entender la línea, la forma, el movimiento. Tú llenas y yo recibo. Tu palabra recorre todo el espacio y llega a mis células que son mis astros y va a las tuyas que son mi luz.

Le escribía para decirle cuanto lo amaba, pero también, para recordarle, por ejemplo, que era su aniversario de matrimonio, y que ella estaba segura que él no lo recordaba, y más aún, que no le importaba.

Vuelvo a mi pregunta inicial, ¿por qué alguien a pleno siglo XXI se tomaría la molestia de ponerse frente a una imponente hoja en blanco y escribir? Se entiende que antes era el modo de comunicarse, pero hoy existen modos mucho más inmediatos de hacer llegar un mensaje: WhatsApp, una llamada o inclusive un mail para aquellos con #GodinLove. En mi humilde opinión, se debe a que sabemos que hay una vibra muy personal en una carta.

Por un lado, existe el hecho físico de escribir con el propio pulso, haciendo el trazo de las letras con la mano… apropiándose del lenguaje, haciendo el máximo esfuerzo por encontrar las palabras que describan sentimientos tan obscuros y difusos. Uno fluye junto con la tinta y de desliza desplomando en el camino el propio ser letra con letra.

Por otro lado, sabemos también que amar no es por naturaleza instantáneo o inmediato, es profundo, muchas veces confuso y complicado. A una carta se le trata con esa delicadeza, se le dedica tiempo y reflexión. Una carta nos saca del modo cotidiano y esperado de comunicarnos, es algo personal y genuino. El enamorado, escribe desde el corazón, que mejor modo que a través de su propia letra en una carta.

***

*No escribo esta carta para amargar tu corazón, sino para sacar la amargura del mío. Por mi propio bien, debo perdonarte.

**El amor no se regatea cómo en el mercado, ni usa medidas de charlatán. Es júbilo (…) el fin del amor es amar: no más y no menos. Tú eras mi enemigo: un enemigo como ningún otro hombre había tenido jamás. Te di toda mi vida (…) Por mi propio bien, no había nada que pudiera hacer, más que amarte.

***Odiaría vivir una existencia sorbida, descolorida por qué pronto me amarás menos y menos… y yo haría cualquier cosa, cualquier cosa por quedarme con tu corazón (…) No, no pienses en las cosas que no me puedes dar. Me has confiado el corazón más querido de todos- y es muchísimo más de lo que cualquiera ha hecho jamás.

 

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