En agosto, te invitamos a leer un libro de un lugar que quieras conocer. Hay novelas que transportan no a lugares imaginarios como Hogwarts, si no a lugares reales. Libros que presentan retratos de lugares de manera tan exquisita y real, que antojan ir a donde describen y ver con los ojos lo que ya vio la imaginación.

Este mes te recomendamos algunas de las novelas que más nos han antojado encontrarnos en las locaciones de la trama. Para máximo efecto, hemos recopilado para cada novela una cita que nos parece la más evocativa del lugar en el que se sitúa la narrativa.

Inglaterra

El jardín secreto de Frances Hodgson Burnett

La campiña inglesa:

“A veces, desde que he estado en el jardín, he mirado  el cielo a través de los arboles y he tenido el extraño sentimiento de ser feliz, como si algo estuviera empujando y dibujando en mi pecho y haciéndome respirar  más rápido. La magia siempre está empujando y dibujando y haciendo cosas de la nada. Todo está hecho de magia: hojas y árboles, flores y pájaros, tejones y zorros y ardillas y gente. Entonces debe de estar siempre alrededor de nosotros. En este jardín- en todos los lugares.”

Jude el oscuro de Thomas Hardy

Oxford:

” -Es una ciudad de luz- se dijo a si mismo.

-El árbol del conocimiento crece ahí- agregó unos pasos más adelante.

-Es un lugar del que los maestros del hombre surgen, y al que van.

-Se podría decir que es un castillo, y sus defensores son la erudición y la religión.

Después de esta figura estuvo en silencio por un largo tiempo, hasta que agregó:

                                   -Sería perfecto para mí.”

Casa desolada de Charles Dickens

Londres:

“Un clima implacable de noviembre. Tanto lodo en las calles como si las aguas acabaran de retirarse de la faz de la tierra, y no resultara sorprendente encontrarse un megalosaurio, cuarenta metros de largo, anadeando cual lagartija elefantina por Holborn Hill. Humo bajando de las chimeneas, conformando una suave llovizna negra, con hojuelas de hollín tan grandes como un copo de nieve- de luto, uno podría imaginar, por la muerte del sol. Perros, indistinguibles en el fango. Caballos, apenas un poco mejor; salpicados hasta la nariz. Transeúntes, codeandose entre paraguas en una infección general de mal humor, y tropezándose en las esquinas, donde decenas de millares de otros transeúntes se han estado resbalando y deslizando desde que amaneció (si es que se puede decir que amaneció)…”

El Congo

El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad

“Subir por ese río era como viajar de regreso a los más tempranos inicios del mundo, cuando la vegetación se amotinaba en la tierra y  reinaban los grandes árboles. Un arroyo vacío, un gran silencio, un bosque impenetrable. El aire era cálido, espeso, pesado, moroso. No había alegría en el brillo de la luz del sol. Los largos tramos en el camino acuático se extendían, abandonados, hacia la penumbra de distancias llenas de sombras. En los plateados bancos de arena hipopótamos y caimanes tomaban el sol lado a  lado. (…) Perdías el rumbo en ese río, como te pasaría en un desierto, y  golpeabas todo el día contra los bajíos, tratando de encontrar el canal, hasta que te sentías irremediablemente apartado de todo lo que alguna vez habías conocido- en algún lado- lejos, en alguna otra existencia, tal vez.”

Ciudad de México

Amuleto de Roberto Bolaño

“La noche oscura del alma avanza por las calles del DF barriéndolo todo. Ya apenas se escuchan canciones, aquí, en donde antes todo era una canción. La nube de polvo lo pulveriza todo. Primero a los poetas, luego los amores, y luego, cuando parece que está saciada y que se pierde, la nube vuelve y se instala en lo más alto de tu ciudad o de tu mente y te dice con gestos misteriosos que no piensa moverse.”

Italia

Una habitación con vistas de E.M Forster

“Entonces el pernicioso encanto de Italia llegó a ella y, en lugar de adquirir información, ella comenzó a ser feliz. Descifró los avisos italianos – el aviso que prohibía introducir perros en la iglesia- el aviso que rogaba a la gente, en el interés por la salud y por respeto al santo edificio en el que se encontraban, a no escupir. Observó a los turistas; sus narices tan rojas como sus Baedekers, así de fría era la Santa Croce. Contempló el horrible destino que alcanzó a tres papistas -dos bebés y una bebé- que comenzaron su carrera zambulléndose en Agua Bendita, para después proceder al memorial de Maquiavelo, goteando pero santificados.”

Himalayas

El reino del dragón de oro de Isabel Allende

“La atmósfera era tan clara, que la vista alcanzaba hasta los valles y desde esas cimas el paisaje era de una belleza sobrecogedora. Estaban rodeados por los altos picos nevados de las montañas y hacia abajo se extendían montes cubiertos de gloriosa vegetación y verdes plantaciones de arroz en terrazas cortadas en los cerros. Salpicados en la lejanía se divisaban las blancas stupas de los monasterios, las pequeñas aldeas con sus casas de barro, madera, piedra y paja, con sus techos en forma de pagoda y sus calles torcidas, todo integrado a la naturaleza, como una prolongación del terreno. Allí el tiempo se medía por las estaciones y el ritmo de la vida era lento, inmutable.”

Francia

Nuestra señora de París de Victor Hugo

París:

“Y, si deseas recibir de la antigua ciudad una impresión que la moderna ya no puede proporcionarte, trepa- en la mañana de algún gran festival, bajo el sol naciente de Pascua o Pentecostés- trepa hasta un punto elevado, desde el cual tengas a tu disposición toda la capital; y se testigo del despertar del repique de las campanas. Observa, tras una señal del cielo, pues es el sol quien la da, como todas esas iglesias tiemblan simultáneamente. Primero, vienen toques desperdigados, que corren de  una iglesia a otra, como cuando los músicos advierten que van a comenzar. Luego, de repente, ¡observa!- pues parece a veces, como si el oído poseyera vista propia- observa, como de cada campanario se eleva algo parecido a una columna de sonido, una nube de armonía.”

Dublín

Ulysses de James Joyce

“Fuegos de azufre brotan hacia arriba. Atraviesan nubes densas. Estallan pesadas pistolas Gatling. Pandemonio. El galope de cascos. Órdenes roncas. Estruendo de campanas. Los fiadores gritan. Los borrachos vociferan. Las putas chillan. Las sirenas de niebla ululan.  Las picas chocan en las corazas. Los ladrones roban a los caídos. Aves de rapiña, volando desde el mar, alzándose de tierras pantanosas, abalanzándose desde las aguileras, gritando mientras flotan,  buitres, azores, gaviotas, peregrinos, aves silvestres, águilas de mar. albatros. El sol de medianoche está oscurecido. La tierra tiembla. Los muertos de Dublín se levantan y aparecen a muchos.  Un abismo se abre en un bostezo sin sonido. Llueve dientes de dragón.”

Barcelona

La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón

“Las calles aún languidecían entre neblinas y serenos cuando salimos al portal. Las farolas de las Ramblas dibujaban una avenida de vapor, parpadeando al tiempo que la ciudad se desperezaba y se desprendía de su disfraz de acuarela. Al llegar a la calle Arco del Teatro nos aventuramos camino del Raval bajo la arcada que prometía una bóveda de bruma azul. Seguí a mi padre a través de aquel camino angosto, más cicatriz que calle, hasta que el reluz de la Rambla se perdió a nuestras espaldas. La claridad del amanecer se filtraba desde balcones y cornisas en soplos de luz sesgada que no llegaban a rozar el suelo.”

Japón

El rumor del oleaje de Yukio Mishima

Isla de Utajima:

“En dos lugares de la isla los paisajes son de belleza insuperable. Uno es el santuario de Yashino, que está encarado al noroeste y se alza cerca del punto más elevado de la isla. Desde el santuario se abarca un panorama ininterrumpido de la amplia bahía de Ise, y la isla se encuentra en el estrecho que enlaza la bahía con el océano Pacífico… Si uno sube los doscientos escalones de piedra que conducen al santuario y mira hacia atrás desde el torii, con un león guardián de piedra a cada lado, tiene una visión privilegiada de la bahía de Ise y las costas lejanas que la rodean… El segundo paisaje más hermoso de la isla es el que abarca desde el faro, cerca de la cima del monte Higashi, que forma un acantilado en cuya base la corriente del canal Iroko produce un estrépito incesante. “

Nueva York

A este lado del paraíso de  F. Scott Fitzgerald

“Amory se paseó lentamente por la avenida y pensó que la noche era inevitablemente suya- el espectáculo y carnaval de un rico anochecer y calles oscuras… parecía que por fin había cerrado el libro de las armonías sosas y había entrado a los vibrantes caminos de la vida. Por todos lados esas luces incontables, esa promesa de una noche de calles y canciones…”

     

¿Qué libro te animarás a leer este año de un lugar que quieras conocer? Compártenos tus recomendaciones o comentarios en la sección de abajo.

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