Foto: Pilar Gómez

  El tomar té implica higiene y limpieza; nos da lecciones en economía, al revelar que el bienestar recae en la simplicidad; tiene su dimensión moral, ya que nos permite definir nuestra justa proporción ante el vasto universo y finalmente, representa el verdadero espíritu democrático del Lejano Oriente al trasformar a todos sus entusiastas en verdaderos aristócratas.

Okakura Kakuzô, El Libro del Té.

Mi hermana y yo creíamos saber de té. Nos sentíamos muy conocedoras comprando Twinnings en sobrecito en vez de Lagg’s. Ahora me doy cuenta que estábamos nadando en el chapoteadero, en la superficie de un universo rico en leyendas, tradiciones y rituales, que atraviesan un sinnúmero de países y un sinfín de aromas, maridajes, tazas y teteras.

“Quiero hacer un artículo de té”, le dije a Ana Pau, nuestra editora de Caprichos. “Pues vas” me contestó, con la esperanza de que lo tuviera listo en una semana, y yo segura de que encontraría una que otra cosa en Internet para complementar lo que ya sabía del tema.

¡Ja! En el proceso de me di cuenta de muchas cosas. Primero, que no tenía idea de nada. O, bueno, de muy poco. Segundo: el tema no se agota en una sola publicación, así que decidimos crear toda una sección para hablar al respecto titulada Rituales de TéTercero, y puede sonar muy tonto para algunas, pero me vine a enterar que no toda infusión es té: la manzanilla no es té, la jamaica (esa que pides como hibiscus tea en el Starbucks) no es té, el rooibos no es té; no hay té de menta, o té de azahar.

El té es la hoja de una planta que se llama camellia sinensis y punto (bueno y la hoja del té se puede mezclar con muchas cosas). Decirle té a toda tisana que se nos atraviesa es una de tantas usanzas que tenemos. Así como en Perú le dicen “mate de coca” a la infusión de la hoja de coca, cuando la yerba mate es harina de otro costal.

Aquí comienza un viaje para descubrir los secretos y deleites de la bebida más consumida del mundo, después del agua (un dato manejado por varias asociaciones y entidades, entre ellas la Tea Association of the USA). Espero que lo hagan suyo.

Sin duda, la filosofía del té, además de su faceta estética, permite expresar nuestra concepción entera del ser humano en relación con la naturaleza.

Okakura Kakuzô, El Libro del Té

y chai, dos palabras para una misma cosa

Crecí en Guadalajara, la segunda o tercera (depende a quién le preguntes) ciudad más importante de México. Aquí la cultura del té y las teterías no llegó hasta 2009, cuando en un discreto local sobre la calle Justo Sierra antes de llegar a avenida Chapultepec apareció el Porcelain.

Me dirigí ahí como punto de partida. Ahí encontré a Sofía López, la barista, quien me platicó que cuando entró a trabajar allí el dueño la puso a leer Té: manual para sibaritas, de Jane Pettigrew (The Tea Companion: A Connoisseur’s Guide, 2004).

Para recomendar bebidas a sus clientes, Sofía debía comenzar por averiguar si la persona que tenía enfrente llegaba con antojo por algo frutal, cítrico, acaramelado o amargo. “A veces no le atinas a la primera,” me dijo riendo, pero eventualmente sus clientes sonreían y se emocionaban tras olfatear una mezcla.

Le pregunté a Sofía quién era el dueño y si podía hablar con él. “Le dicen Luke,” me dice y lo contacta para verlo la semana siguiente. “Me aventé, lo empecé yo sólo [el Porcelain],” platica al acomodarnos en una de las mesitas de la terraza, “No sabía si iba a funcionar o si iba a ser un gravísimo error … afortunadamente siempre hubo clientes que se interesaron en el té”.

Luke afirmó que el ambiente que rodea al té en Guadalajara evolucionó mucho en los más de cuatro años de existencia del Porcelain. “La verdad ha habido un cambio enorme de cuando empezamos en agosto de 2009 hasta ahora (2014). Me tocaba ver que llegaba la gente y venían por un té de manzanilla, un té de limón, ahora hasta saben más que yo.”

Le pedí que me explicara qué había detrás de su mezcla Black Machete, que en el minuto me sentí tentada a pedir. Es un té chai con chile, me dice. “¿Y qué hace a un té chai, chai?” le pregunto. “Bueno, decir té y chai es lo mismo,” explica, “Es curioso, porque en las partes donde se conoció por vía terrestre, como en caravanas (India, Tibet, Irán, e incluso Rusia), se le conoció como cha, o chai, y el que llegó por barco (a Holanda, Inglaterra, Francia, y todos los que fuimos influenciados por ellos), se le conoció como té”.

En el libro de Tea: History, Terroirs, Varieties, (Kevin Gascoyne et. al., 2011) se explica que el llamar a esta bebida viene de una variación del término “t’e”, que se tomó del dialecto chino min na hua, de la provincia de Fujian, que se encuentra en la costa justo enfrente de Taiwán. Por otro lado, el término “cha”, o “chai”  fue tomado del mandarín “cha”, que se habla preponderantemente al interior del gigante asiático.

…en las partes donde se conoció por vía terrestre, como en caravanas se le conoció como cha, o chai, y el que llegó por barco, se le conoció como té”.

¿En qué es diferente una tetería a una cafetería? “Probablemente en las teterías hay más personas conscientes de lo que compran,” opinó Luke, “y por lo mismo le tienen más amor al producto, más allá de reunirse en un lugar agradable para platicar”.

Su té predilecto era en ese momento el Pu Er (un tipo de té chino fermentado que lo encuentras comprimido en diferentes figuras conocido también como té rojo) y tenía una teterita Yixing de barro exclusivamente para éste. “[Me gusta] sin azúcar, sin nada; sabe como a tierra o baqueta de piel. La infusión queda súper obscura, como a sangre obscura. Me gusta sentir el kick de la cafeína que entra y te despierta. Luego luego lo sientes”.

Introducción al mundo del té en www.oddcatrina.com

Este artículo fue publicado por primera vez en este sitio en abril del 2014 bajo el título “Lo que revela la porcelana” En esta actualización dividimos el texto original e incluimos nuevo contenido. Tanto el Porcelain como el 83 Grados cerraron ya. Tenemos una ruta de teterías en Guadalajara que continúan abiertas aquí.

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