Gracias a Hollywood, la mayoría de los habitantes del planeta puede contar la historia de la Segunda Guerra Mundial: una historia del Bien contra el Mal, de los horrores del Holocausto y los sacrificios de los Aliados, de la megalomanía de Hitler y el sabio liderazgo de Churchill y Roosevelt. El panorama que la población tiene de la Segunda Guerra Mundial descansa en estos arquetipos de héroes y villanos y en los tintes épicos. La simpleza del relato es lo que ha hecho que sea el conflicto más representado en la historia de la cinematografía.

Es triste ver, en cambio, la poca cantidad de películas que hay sobre la Primera Guerra Mundial. Hollywood saca, con suerte, una cada diez años. Si bien en la Gran Guerra hacen falta los tintes de heroísmo y villanía que emocionan a los directores de Hollywood, las lecciones que podemos rescatar de ella son mucho más valiosas y necesarias que el viejo cuento del Bien contra el Mal.

Por ello, mi hipotética productora, nombrada hipotéticamente Historical Memory Productions se dedicará a hacer estas películas:

Churchill’s Folly

La productora empieza por remediar la falta de una biopic sobre esa parte menos conocida de la vida de Winston Churchill: la batalla de Gallipolli. La película, titulada Churchill’s Folly, relata los planes del entonces Lord Almirante por terminar la Gran Guerra acertando un golpe mortal al Imperio Otomano.

Gracias a un excelente trabajo por parte de los maquillistas, Tilda Swinton se convierte en la primera mujer en interpretar al legendario Primer Ministro. A cada paso que el protagonista da por acercarse a la gloria, siembra las semillas de la catástrofe. El menosprecio  y racismo que Churchill tiene por su rival no europeo termina costando la vida de medio millón de ingleses y prolonga la guerra otros tres años. La película serviría para señalar una gran lección: en las guerras del siglo XX, los errores de los comandantes cuestan mucho más que en siglos anteriores.

The Guns of August 

La siguiente es una adaptación de un libro de Barbara Tuchman. The Guns of August, al igual que su homónimo literario, narra el inicio de la Primera Guerra Mundial. La megaproducción es la película de Historical Memory Productions más parecida a un blockbuster hollywoodense.

La producción cuenta con un elenco estelar, con actores como William Dafoe, Ralph Fiennes, Christian Bale y hasta un cameo de Stan Lee como el Kaiser Guillermo.  Durante tres horas de tensión creciente, las tropas del Kaiser apabullan al ejército francés hasta estar a tiro de piedra de París. En un último acto desesperado, los franceses logran derrotar al ejército alemán en la batalla del Marne y salvar su capital. La película, sin embargo, termina en una nota triste: el primer mes de la Guerra ya ha costado la vida de un millón de personas. Los protagonistas de la película no celebran la victoria. Ahora saben que, en la guerra moderna, la masacre no deja espacio para la gloria.

Reckless Rex

Nuestro tercer largometraje es una película sobre el heroísmo en la Primera Guerra Mundial. Harry Styles protagoniza Reckless Rex, en el papel de Rex Warneford, un joven aviador que persigue la gloria militar.

En el primer acto se encuentra la secuencia más climática de la película. Rex se enfrenta a un Zeppelin que pretende bombardear Londres. En una maniobra que le cuesta mucho combustible -y a Historical Memory Productions muchos millones de dólares- Rex sobrevuela al Zeppelin de cabeza y logra derribarlo. Debido a la falta de combustible, Rex es obligado a aterrizar en un campo cercano para hacer reparaciones. Justo cuando las tropas alemanas están a punto de agarrarlo, el avión desciende y Rex suelta su famosa frase:

“Give my regards to the Kaiser!”

Rex se vuelve un héroe nacional instantáneamente. La felicidad no dura mucho: al final del segundo acto, el avión de Rex sufre un fallo mecánico y no sobrevive la caída. No han pasado ni dos semanas desde su bautizo en el heroísmo. En el último acto se muestra el luto nacional- todo el pueblo inglés llora su muerte.

El final deja un mal sabor en la boca: la leyenda de Rex Warneford es utilizada para engrosar las filas del ejército. Cientos de miles de hombres buscan ser como Rex en una guerra que se alimenta de wanna-be-heroes y en la que los actos individuales sirven de poco.

En la guerra moderna, la masacre no deja espacio para la gloria.

A War to End All Wars vol. I & II

La última producción es un drama diplomático contado en dos partes: A War to End All Wars Vol. I: Sarajevo y A War to End All Wars Vol. II: Versailles.

La primera parte narra los acontecimientos que se desprenden inmediatamente del asesinato del archiduque y los esfuerzos por parte de todos los bandos para evitar una guerra que Europa no había sufrido en cien años. Retrata la reticencia del Kaiser y el Zar por entrar a la guerra y los desesperados intentos de los embajadores por llegar a un acuerdo. El monólogo final es digno de una obra shakespeariana: el embajador alemán en Rusia se lamenta de iniciar una guerra que el mundo trató de evitar a toda costa y se pregunta si los actores individuales tuvieron la capacidad de influir en el desenlace o, si, en realidad, el andar de la humanidad es una máquina histórica que nos fuerza a repetir los mismos errores cada cierto tiempo.

La segunda parte toma lugar en las negociaciones de Versalles de 1918. En su primera semana de estreno, la crítica ya la llama la secuela más aburrida de la historia. Los líderes del mundo se reúnen para asegurarse que una guerra tan devastadora no se vuelva a repetir. El presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson ve tristemente como sus contrapartes europeos están más preocupadas por recuperar sus pérdidas económicas que por asegurar una paz duradera: las sanciones económicas impuestas a Alemania son descomunales. La promesa de que ésta sería la guerra que terminaría con todas las guerras se rompe. El general Foch, comandante en jefe de las Fuerzas Aliadas, sale enfurecido de las negociaciones, proclamando que las potencias sólo han firmado un armisticio de 20 años. La película termina con un joven Hitler -interpretado por Benedict Cumberbatch– lanzando un discurso virulento ante sus compañeros de régimen por la injusticia de los términos impuestos a Alemania.

Se pregunta si, en realidad, el andar de la humanidad es una máquina histórica que nos fuerza a repetir los mismos errores cada cierto tiempo.

The Great War

Luego de terminar A War To End All Wars, Historical Memory Productions se da cuenta que estas películas no son suficientes para representar el titánico drama de la Primera Guerra Mundial. La productora se acerca a sus inversionistas para presentarles un nuevo proyecto: The Great War, una serie igual de ambiciosa que Game of Thrones.

El elenco principal ronda los cien actores y para contarla en su totalidad debe durar por lo menos 20 temporadas. Al oír esto, los inversionistas se niegan rotundamente a invertir un sólo centavo más en Historical Memory Productions. De los 400 millones de dólares que ya han invertido en la realización de las otras cinco películas, sólo han recuperado 60. Los inversionistas retiran su apoyo y dejan a Historical Memory Productions en bancarrota.

Su misión de contar la tragedia de la catástrofe del siglo XX ha fracasado: el proyecto es tan obscenamente grande que ni en un escenario hipotético puede ser realizado.

***

Las lecciones que la fallida Historical Memory Productions hipotéticamente trató de imprimir en el imaginario popular quizá son incompatibles con la industria cinematográfica contemporánea. ¿Quién quiere ver una película en donde no importan las acciones que toman los protagonistas, en donde el heroísmo es un señuelo engañoso y la trama principal se parece más a una comedia de errores que a una gesta épica -y en la que cada error cuesta millones de vidas?

El relato de la Primera Guerra Mundial no es fácil de contar y los mensajes que deja no son atractivos. Sin embargo, en un mundo en el que cada líder proclama su causa como la más justa y en la que el panorama político ebulle con amenazante violencia, los mensajes que la Primera Guerra Mundial nos deja son los más urgentes. Repasar el trago amargo de la catástrofe seminal del siglo XX quizá sea necesario para evitar el comienzo de la catástrofe seminal del siglo XXI.

           

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