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El amor, esa emoción tan maravillosa y tan compleja que puede romperte en dos el corazón o elevarte al estado más puro de éxtasis y caminar sobre “algodón”. Ese sentimiento que ha sido retratado un número inconmensurable de veces por el séptimo arte y que, incluso, ha logrado construir un arquetipo dentro del género cinematográfico llamado “comedia romántica”. Trágico, mágico, tortuoso, idealista, mundano, pesimista, o simplemente perfecto; el amor ha transitado en todos sus matices en el séptimo arte, siempre como consecuencia de las decisiones humanas.

Howard Suber, en su libro The Power of Film, habla de cómo los personajes en las cintas no son una ficción, sino que al igual que los seres humanos se fundamentan en dos preguntas existenciales: ¿Qué soy? ¿Quién soy? El qué soy son todas aquellas características definitorias que no dependen de nosotros, el quién soy es más complejo, pues lo determinan nuestras decisiones y las acciones que tomamos al respecto.

Pero, ¿qué tienen que ver las decisiones con el amor? La respuesta es: todo. Si el cine es universal y los personajes son humanos como nosotros, el amor se ha convertido en la trama más natural para narrar historias y el decidir o no amar a alguien también. Basta una rápida mirada a la cartelera cinematográfica de un fin de semana o recordar a las cintas ganadoras de premios este año para darse cuenta de aquello. Guillermo del Toro acaba de ganar la edición 74 del Festival de Venecia con La forma del agua (The Shape of Water, 2017), una atípica historia de amor entre dos seres diferentes.

En ese eterno juego de tomar o no lo que otra persona nos ofrece con el corazón en la mano, aquí hay cinco cintas que nos demuestran como esa encrucijada en la época actual no solo es más compleja, sino que enfrenta un cambio de roles importante:

Ella (Her, 2013)

La riqueza de esta obra de Spike Jonze es la familiaridad con la que representa un mundo donde se ha perdido todo contacto con las relaciones físicas interpersonales y nos hace creer que es el futuro, cuando lo vemos todos los días. Sumidos en el ensimismamiento, la persona se ha vuelto incapaz de conocer a los que lo rodean fuera de entornos virtuales. A través de esa crítica social, Jonze plantea el relato de Theodore, un hombre que vive inventando las emociones de otros en un servicio “personalizado” de cartas. Luego de adquirir un nuevo sistema operativo con alto desarrollo de inteligencia artificial, Theodore entabla con ella una amistad que poco a poco conlleva la aparición de otras emociones. La encrucijada está en la lógica de la relación, se puede elegir enamorarse de una ilusión o tomar la decisión de vivir el mundo real, con todo el dolor que eso conlleve.

La langosta (The lobster, 2015)

 Yorgos Lanthimos, realizador griego, juega con el concepto del amor como necesidad forzada en la época actual. Así, plantea un futuro distópico en el que de acuerdo a las leyes de La Ciudad las personas solteras deben ser enviadas a El Hotel, un lugar en donde cuentan con 45 días para encontrar el amor verdadero antes de ser convertidos en bestias y enviados al bosque. Lanthimos logra un guión de extraordinaria riqueza pues plantea las grandes preguntas de una sociedad donde el amor ya no es visto como una opción sino como obligación. Una obligación absurda, la elección dice, pues al final se está con quien se puede no con quien se quiere. Bajo este planteamiento la cinta es una radiografía que nos da escoger entre todos los miedos y fobias humanas a las relaciones, la compatibilidad con el otro, la soledad y sobre todo el amor.

Triste San Valentín (Blue Valentine, 2010)

La historia de chico conoce chica, se enamoran y viven felices para siempre es puesta en tela de juicio por Derek Cianfrance, quien reconoce que el tomar la oportunidad de estar con la chica que amas no siempre es la opción más adecuada. La historia del matrimonio de Dean y Cindy, que parece estar a prueba luego de que la juventud quedara atrás y las ilusiones de ambos se convirtieran en la realidad de la vida adulta. Ahí, de manera descarnada Cianfrance propone el cuestionar la decisión de “para toda la vida” y construye la nueva máxima del verdadero amor: la búsqueda de la felicidad del otro a pesar de nuestra propia felicidad.

Lawrence para siempre (Lawrence anyways, 2012)

Xavier Dolan, el llamado “enfant terrible” canadiense que entró a los circuitos cinematográficos más importantes del mundo a sus casi 20 años, presenta en esta historia, exagerada por momentos, un relato profundo de la complejidad del amor en la época actual. Laurence es un joven que ha decidido cambiar de sexo y en todo el proceso Fred es la única que permanece a su lado, demostrando que tomar la esencia del otro es lo importante y no la carcasa. Una odisea multi-sensorial donde Dolan plantea una serie de capas, cada una con un discurso distinto, pero entre la que prepondera la fortaleza de comprender que amar es una decisión de tomar todo del otro.

La vida de Adele (Blue is the Warmest Color, 2013)

El relato visceral de Abdellatif Kechiche basado en la novela gráfica de Julie Maroh, es un laberinto de emociones, deseos y pasiones entre dos jóvenes que enfrentan su autodescubrimiento, su madurez y el amor en un torbellino que termina por consumir a nuestra protagonista. Emma conoce a Adele, una joven que despierta en ella algo que no puede describir y deciden entablar una relación que poco a poco será puesta a prueba hasta que entienden que la gente es pasajera y que su cariño solo sirve para una etapa del crecer.

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