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Catrinas, no mujeres divinas

El que se nos trate como ídolos cuando somos tan de carne y hueso como un varón—aquel que con fascinación nos ha escrito bellas letras que cualquiera de nosotras canta con gusto con una buena dosis de mariachi, tequila y amigos—puede salirnos más caro de lo que nos damos cuenta.